Un paso a la vez.
El primer paso para sanar verdaderamente es aceptar tu
herida, es aceptar la herida que has causado no solamente a ti, sino también a
tu entorno. Creamos mascaras para sobrevivir en la sociedad, yo creé mi propia mascara
de controlador, me dejé guiar mucho tiempo por ella, Sin embargo, llega un día
en donde en donde ya no puedo más, donde el vacío interno me aleja cada vez de
lo que intento ser ¿He ganado algo siendo así? La verdad es que solamente mis
actos alejaron a las personas que creí amar, querer y también alejaron a mi entrono
social. Así como dice Bourbeau, el primer paso es aceptarla, mirarla y saber
que hay situaciones que debemos arreglar. Yo no me percataba hasta donde
llevaba los conflictos, que tan grande hacia los problemas o como alejaba a las
personas de mí, además, me escudaba en las mentiras, nuevamente me pregunto a
mí mismo ¿Gané algo siendo así? Recuerdo que después de un tiempo ya sea con mi
familia o con las personas que atraje a mí vida, intenté cambiarlas, intenté modificar
sus actitudes, comportamientos, pero entre terapia y libros, pude por fin
reconocer que las personas que las personas que están en nuestra vida tienen
las mismas mascaras o en algún sentido, los mismos problemas. Intenté cambiar sus
actitudes sin darme cuenta de que aquello que no aceptaba era lo mismo que no
aceptaba de mí, que dejé de ver por miedo al cambio, pero había olvidado lo
importante que es reconocer una herida y trabajar en ella. El Ego siempre
cree tener el camino más fácil, pero en realidad nos complica la vida.
Cuanto más tiempo tardemos en curar nuestra herida, más se agravará, no obstante,
existen situaciones donde esa herida será tocada -Me refiero a heridas que van
desde la infancia hasta lo que somos ahora, léase sobre las cinco heridas del
alma- y es en ese proceso el cual sentiremos culpa.
El ser humano cuando siente culpa muchas veces intenta
expiar este sentimiento causándose dolor, dañándose así mismo creyendo que realmente
funcionará, pero la verdad es que entre más nos culpemos y más nos sigamos
dañando, lo único que seguiremos atrayendo a nuestras vidas serán más situaciones
que nos harán sentir de la misma manera, la ley espiritual de amor, nos dice
todo lo contrario, aquella ley nos habla del perdón y mientras no sepamos
perdonarnos por todo el daño que nos causamos nunca emprenderemos verdaderamente
el camino para cambiar. Además de esta culpabilidad, existe la vergüenza cuando
reconocemos que hemos dañado a alguien o cuando alguien nos acusa de haberle
hecho daño, de haberle causado la misma herida que no nos atrevemos a aceptar. ‘’No
hay personas malas, sino personas que sufren’’ no intento justificar ningún acto,
sólo hago el llamado de tener compasión, ya que acusarlas y ponerlas sobre un
velo de juicio no ayudará a aquella persona que quiere sanar, esto es uno de
los beneficios que puedes lograr cuando aceptas tu herida y también te percatas
de las heridas del resto.
Cómo he mencionado, mi mayor herida es el de la traición,
que me llevo a tener la mascara del controlador, al escribir todo esto no
espero lectores sólo escribo para tener noción de lo que quiero ser y de lo que
quiero dejar atrás. Cuando un alma llega al mundo a resolver su herida, en mi
caso el de la traición, busca en el sexo opuesto que sea fuerte y sólido, que
sepa ocupar su lugar, que sea demasiado emotivo. Pero esta mascara de controlador
no me hizo cumplir mis compromisos, mis promesas y llevarlas a cabo suponía de
esfuerzo, esta mascara me hace mentir y manipular, genera un estado anímico dispar,
me convence de tener siempre la razón y además me hace intentar convencer al
otro de cambiar su punto de vista, me hace intolerante, me hace impaciente, y
escribo todo esto para reconocer mi mascara, reconocer mi herida y por fin
abrirme a sanar. Cuando esa persona haya tocado tu herida -Cómo menciona
Bourbeau son cinco heridas- y puedas reconocerla debes saber algo muy importante,
y es que te estas abriendo para sanar desde la raíz. En este punto he adquirido
conciencia de lo que debo sanar en mí, para no cometer nuevamente esa serie de errores
que como he dicho no trajeron nada bueno en mí.
Lo que somos y lo que hacemos, debería ser
la fuente de nuestro bienestar, y no los halagos, el agradecimiento, el reconocimiento
o el apoyo de los demás.
Para sanar una herida interna, así como lo hacemos con
las heridas físicas, debemos brindarle amor incondicionalmente. Las heridas
profundas, como la que todos tenemos, incluyéndome, tiene esa necesidad de ser
reconocidas, esa necesidad de que las amen.
Recuerda que amar incondicionalmente es
aceptar incluso si no estás de acuerdo ni comprendes el motivo de porque
ciertas situaciones.


Comentarios
Publicar un comentario