Detalle.

Sobre mi escritorio yacen tus cartas, tus heridas abiertas al igual que las mías. Sigo con mi mirada los pensamientos fugaces, donde tu presencia hace temblar cada centímetro que puede habitar mi ser, entre más te pienso más logro llegar al génesis de mis problemas, quien hubiera pensado, tu nombre también sería parte de mi origen, de encontrar mi raíz rota, de encontrarme con mi disociación, aquella desunión con mi alma. Los días avanzan lentos por estas madrigueras, intento encontrar mis pasos y direccionar mis palabras, ya no quiero ser lo que fui, pero también creo que aquel día que decidí soltar todo, no pude con aquellas cosas que solamente me hacen darme cuenta cual animal puedo ser. Si bien actué cuando el vaso ya estaba quebrado, cuando las heridas estaban más que abiertas, sólo quise por una vez en este largo sueño poder decirte lo que sentía. El fuego y la memoria, aquel que construimos y que tuvimos que dejar ir, en realidad, aquel fuego que te salvó de mí. No estaba siendo una persona equilibrada, me perdí al igual que intenté encontrarme. Sin embargo, estos días me aportan calma, creo que estoy haciendo las cosas bien, veo pequeños cambios y me alegra saber que me deshice de aquella mochila que tanto tiempo me acompañó, quisiera saber cómo están tus días, porque la verdad me importa saber que puedes salir de todo lo que construí, digámoslo, lo que construí sólo hace daño, pero eso fue pasado, derrumbe mi casa, así como destruí mis cimientos. Estoy listo para construir una nueva realidad, donde por primera vez podré ser yo mismo y no refugiarme tras una máscara.
Te amo, aunque tú estés lejos de sentirlo, créeme que hasta en momentos así me sigues enseñando.


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