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La última visita.
Llega tu rostro a mí mente como un óleo a medio pintar,
pienso si aun tu mirada tiene aquella intensidad que me dejaba despojado de
toda seguridad, aunque intente recordar tu rostro, como intento recordar
aquellos últimos momentos vividos, me topo con un sinfín de caminos, a veces
siento que los que nos unía era ese mismo abismo al cual ambos le teníamos miedo.
Aún sigue aquella interrogante ¿Por qué todavía pienso en ti? ¿Tú piensas en mí
como yo lo hago, hoy en día sólo te carcome el arrepentimiento? Hago un ligero desplazamiento
por mi mente, evoco memorias y destruyo algunas, me intento tranquilizar porque
cuando intento buscarte por algún lugar mi corazón se acelera, sé que nada bueno
habrá a menos que sepa como controlar aquella violencia. Suenan las murallas de
memorias sin voz, quizá lo entenderías, pero el mundo te ha guardado un lugar
hermoso por el cual transitar, alejándote cada vez más de mis raíces, de la
huella triste que dejé en ti. Si mis días en la tierra, antes de cualquier
colapso que atentase contra mi existencia, desearía poder estar en paz, estar
tranquilo, mientras las lagunas rojas de mis venas habitan la habitación en
donde yacerá mi mirada, a veces me pregunto en qué momento llegué a este lugar,
en qué momento llegué a sentir asco por mí y por lo que estaba haciendo. Pero,
así como el mundo muchas veces da giros inesperados, giros entrelazados por el
azar del destino, siento que mi vida está tomando un nuevo rumbo, me conecto
con mi adentro y me hago responsable mientras una parte de mí se quiebra por
todo lo que he hecho hasta aquel dos de abril. Existen fechas que dejan marcas
en la piel, por oro lado, existen algunas que te dejan marcas en el alma, así
como, en la cabeza. Hasta pronto, hasta que volvamos a bailar en las orillas.

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