Océanos de tiempo.
Nuevamente me encuentro en esa encrucijada, bordeando los
senderos de mis recuerdos intentando sostener tu mano, aunque sea tenue el
hecho de sostener la tuya una vez más. Puedo retroceder en mis memorias, ver
con claridad aquel día donde nuestros cuerpos se encontraron por primera vez,
entre árboles, murales y palabras impregnadas para la eternidad. Hoy en día, aquel
recuerdo lejano, dependiendo de donde se le mire, puede hacernos sentir un mar
de emociones, hacernos caer en el ojo del huracán, coartar nuestro sentir, y a
la vez, siento que me da vida. ¿Qué curioso no? Aquel encuentro donde ambas
almas querían explorarse, sentirse y acompañarse, hoy, a causa de lo que yo
forme, no es más que un recuerdo añejo para ti, un recuerdo del cual quieres
huir, no te culpo, en tu posición todos huirían de mí. Sin embargo, al
despertar veo más claro el atardecer, observo de mejor manera mis pasos y también
me preocupo de los tuyos, no quiero que te pierdas, pero tampoco quiero que
dejes de sentir por la herida que generé en ti. Yo no soy quien para hablar de
moral y lo que significa sentir, porque soy el primer responsable de morir en
el nombre del amor y caer en la locura de la obsesión. No dejes de sentir, Génesis,
no tengo palabras ni boca para decirte esto, pero sí algo puedo hacerte saber,
es que espero te cuides.
¿Crees que pienso en ti como pienso en los demás? La
verdad es que eres la única que habita en mis pensamientos, si es que no estoy
en un acto de escrutinio interno, ya nada sirve cuando el vaso está roto, sólo
queda recoger los restos y evaluar el porqué, quizá así me acerque a la verdad
de mi culpa.



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