San Isidro #2.
‘’Era algo más que carne, algo más complejo, más sutil.
Pues también era ya recuerdo y, por lo tanto, algo que
se defendería de la muerte y de la corrupción, algo transparente, tenue, pero con
cierta calidad de lo eterno e inmortal.
Y todo eso lo sentía a través de su carne, de su
suavidad y palpitante carne.
Todo era tan frágil, tan transitorio, Escribir al
menos para eso, para eternizar algo pasajero.
Además, no sólo era eso, no únicamente se trataba de
eternizar, sino de indagar, de escarbar el corazón humano, de examinar los
repliegues más ocultos de nuestra condición.
Su piel se estremecía apenas como por el recuerdo
apagado de sus grandes tempestades: esas grandes tempestades que seguramente
sueñan los mares cuando dormitan, tempestades apenas fantasmales e incorpóreas.
Nada y todo.’’



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